¿TIENE SENTIDO LA RIS3 EN AMÉRICA LATINA?

Desde hace unos meses, la Dirección General de Cooperación al Desarrollo de la Generalitat de Cataluña, junto con la Organización mundial de regiones, ORU-FOGAR, está impulsando una iniciativa de apoyo a la elaboración de estrategias RIS3 en América Latina. El programa RIS3-AL, que cuenta con financiación de la Comisión Europea, es un proyecto piloto consistente en el acompañamiento a procesos de planificación estratégica en diferentes territorios latinoamericanos. Más allá de sus resultados directos -la elaboración de una serie de planes por parte de las instituciones participantes-, el programa quiere analizar la oportunidad de adaptar la metodología de investigación e innovación para la especialización inteligente (RIS3) al contexto latinoamericano, para determinar si esta actividad puede convertirse en un nuevo instrumento de apoyo mutuo entre regiones. Asimismo, los resultados del programa pueden ser útiles para valorar estrategias de cooperación para el desarrollo a través de la promoción de estas dinámicas.
Este pasado noviembre, a raíz de un debate en Barcelona sobre el tema con un grupo de personas expertas tanto del ámbito de la RIS3 como de la cooperación al desarrollo, aparecieron los primeros resultados de esta evaluación de oportunidad.
La primera cuestión que obtuvo cierto consenso es que cooperar en el desarrollo económico y empresarial en América Latina significa trabajo conjunto entre regiones, del Norte y del Sur, aportando valor y conocimiento en todas las direcciones. Se debe huir de la idea que lo qué funcione en Europa necesariamente funcionará en América Latina. Y esto es aun más cierto si se tiene en cuenta que tampoco tenemos a día de hoy resultados y evaluación del impacto de la RIS3 en la Unión Europea.
Otra clave para la posible adopción de estrategias de especialización en América Latina es el diferente y diverso nivel de desarrollo de la gobernanza multi-nivel (nacional-regional-urbana) y multi-agente (público-privado-académico). Invertir en ellas puede ser una buena estrategia para neutralizar o reducir problemas de inestabilidad política, allá donde la haya. Concretamente, el hábito de planificar con los agentes del territorio a largo plazo -del global al concreto y al revés, la llamada "glocalización"- puede hacer más sólido el camino de crecimiento sostenible.
Otra apuesta prioritaria debería ser la de la sensibilización y formación de una masa crítica de personal técnico de las administraciones públicas e instituciones de I+D entorno a las competencias para planificar y dinamizar esta gobernanza para el desarrollo territorial. Esta función de construcción de capacidades puede ser más adecuada que no la pura promoción de la innovación. Ahora mismo no se considera urgente ir más allá de incorporar la innovación en el debate, ya que, en opinión de los expertos, gran parte del tejido empresarial todavía no está preparado para ello. Mayoritariamente, no hay la estructura suficiente dentro de la empresa ni el sector, así como las dinámicas adecuadas para asumirla. Actualmente, en general las empresas y los sectores están más concentrados en los conceptos de aseguramiento de la calidad y de lucha contra la economía sumergida.
Finalmente, hubo un acuerdo notorio en observar que las regiones que aplican actualmente estrategias de especialización – las de América Latina y la mayoría de las europeas – se adaptan mejor al patrón de economías que co-aplican las invenciones de otras regiones pioneras y que hacen de la innovación social su prioridad, que no al patrón de las que asumen el liderazgo de los retos científicos y tecnológicos globales. Es por ello que el acercamiento a las empresas ayudándolas a adoptar tecnologías ya en el mercado, especialmente la digitalización y la transición a la economía verde, pasa a ser, junto a la compra pública innovadora, la mejor estrategia de innovación a corto y a medio plazo y, además, podría ayudar a ir incorporando los conceptos de innovación más disruptivos.
En conclusión, se podría decir que hay una percepción general de oportunidad de desarrollo de la RIS3 en América Latina, siendo prudentes en las expectativas que se puedan generar y teniendo en cuenta las barreras existentes para introducir la cultura de la innovación y para establecer estructuras de gobernanzas sólidas, especialmente en aquellos contextos políticos inestables. En todo caso, la inversión pública, entendida como palanca de la inversión privada, puede ser un buen disparador del crecimiento basado en la modernización de los sectores bajo un foco o especialización inteligente que ponga la región en el mapa global de la competitividad.


Jordi Garcia Brustenga                                                                      Milena Verrié Biosca
Experto en ecosistemas innovadores                                                EST, Estudis Socioeconòmics i TIC
Universitat de Barcelona

 

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